Hay lugares que, sin saber cómo ni por qué, se convierten en refugios. Rincones que guardan risas, lágrimas, palabras susurradas y silencios que solo ahí cobran sentido. Lugares que nos vieron crecer, soñar, tropezar… y a los que, pase lo que pase, siempre volvemos.
A veces, no es el lugar en sí, sino lo que representa. Una azotea donde mirar las estrellas y preguntarse por el futuro. Una plaza donde las conversaciones parecen detener el tiempo. Un banco en el parque donde el alma encuentra calma. O esa casa familiar que huele a recuerdos y abrazos sinceros.
Volver a esos lugares es volver a nosotros mismos. Es recordarnos quiénes fuimos, quiénes somos y, a veces, quiénes queremos ser. Porque cada lugar especial guarda un pedacito de nuestra historia, y regresar nos da la oportunidad de releer esos capítulos con nuevos ojos.
📖 Hoy te invito a pensar: ¿cuál es ese lugar al que siempre vuelves, aunque solo sea en tu memoria?
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